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La separación del recién nacido de su madre: El desastre de un acto irreflexivo.

Fue el Dr. Frederic Leboyer, a finales de los años 70, el primer ginecólogo que pensó en el bebé, en su experiencia de nacimiento durante el proceso del parto de su madre. Reflexionó sobre sus vivencias y sus necesidades fisiológicas, en definitiva sobre la importancia de un buen nacer. Estas reflexiones las plasmó en su libro “Por un nacimiento sin violencia”. Un libro único.
El Dr. Leboyer sacó tres cosas en claro de sus observaciones y experiencias. La primera, que si al nacer el bebé, se deja que el cordón umbilical siga latiendo, el bebé no necesita llorar para empezar a respirar, sino que entra en la respiración de manera progresiva, sin llantos ni angustia.
En segundo lugar verificó que la mejor incubadora para mantener las constantes vitales del bebé es depositarlo sobre el vientre materno nada más nacer. Así se mantienen la temperatura, el ritmo cardíaco, y su respiración es más rítmica y profunda. Con un lento y profundo masaje en la espalda del bebé, la madre le estimula todos sus órganos y le vuelve a recordar el abrazo que sentía dentro del útero.
Por último, observó que si no se le disturba ni se manipula, en los siguientes quince o treinta minutos el bebé empieza a buscar el pecho, repta, olisquea y cuando lo encuentra succiona el calostro con sorpresa y deleite.
Al filo del siglo XXI, el Dr. Michel Odent ha recopilado abundante evidencia científica que relaciona la separación temprana del recién nacido de su madre con las manifestaciones violentas de niños y jóvenes, y con la incapacidad de amar.
Desde luego, sabiendo que el parto es un acontecimiento de la vida sexual, que se rige por las mismas hormonas y parámetros similares, podríamos decir que la separación del recién nacido de su madre sería como un coito interruptus.
El frustrante momento orgásmico en que, dos seres que tanto desean abrazarse después de meses de espera, los separan bruscamente.
Y todos sabemos que en el sexo, el coito interruptus es perjudicial para la salud de ambos y no consigue el objetivo perseguido. Pues eso.
El placer que a mí me reporta acompañar a las mujeres en su parto, es precisamente sentirme celestino de dos seres profundamente enamorados, que tras una larga espera, desesperan por abrazarse, sentirse piel a piel, acariciarse, respirarse…Una madre y su hijo.
Por el amor de dios, aunque solo sea en honor a la ciencia o por caridad cristiana, ustedes los profesionales de la obstetricia no corten el cordón umbilical hasta que deje de latir, y no separen al bebé recién nacido de su madre, si no es realmente por una necesidad vital.

Enrique Lebrero. Ginecólogo.
Maternidad Acuario. Beniarbeig. Alicante


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Acaba de llegar a la vida y necesita el calor humano de su madre de inmediato, es el único sitio donde un bebé se va a sentir seguro.
Lloriquea un poco al nacer pero inmediatamente se calma al contacto con la piel tibia. A los pocos minutos va a levantar su cabecita y moviéndola de un lado a otro no va a parar hasta encontrar la cara de su madre y quedarse mirándola fijamente. Ese rostro , al igual que el olor de su madre van a hacer huella en el bebé, nunca podría confundirse ya de madre. Poco a poco y si se le da tiempo va a ir reptando , lamiendo y moviéndose hasta llegar al pezón materno y succionar vigorosamente.
Los bebés recién nacidos que no están con su madre están llorando desconsolados, es el grito de auxilio de la cría de mamífero separada de su madre. Tienen mucho miedo, segregan adrenalina y los niveles de glucosa les bajan rápidamente, necesitan urgentemente volver con su madre.
Un bebé separado y llorando a menudo puede ser consolado mediante un chupete colocado por una enfermera bondadosa. Lo primero que tienen en la boca para succionar crea impronta y va a ser muy difícil que luego este bebé sepa mamar bien del pecho de su madre habiendo hecho la impronta con una tetina artificial. No se asemeja la técnica de chupar este objeto con la técnica de la lactancia materna.
Lo primero que ha de tener un bebé en la boca para succionar ha de ser el pecho de su madre. Y no hay ningún motivo para separar madre e hijo recién nacido cuando el bebé está sano y respira bien al nacer como es en la mayoría inmensa de las veces.
Es importante que los profesionales que asisten el nacimiento sientan un respeto muy grande por el bebé y no lo separen de su madre ni lo sometan a manipulaciones innecesarias.
El bebé con su madre está tranquilo, gasta menos energía y glucosa, mantiene muy buena temperatura , la lactancia se inicia pronto y sin problemas y madre e hijo se sienten seguros y felices.

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EL IMPACTO EMOCIONAL DEL BEBÉ EN EL NACIMIENTO

¿Qué siente el bebé en el camino que lleva a su nacimiento y una vez nacido? ¿Es capaz de sentir alegría o tristeza, bienestar o dolor, paz o sufrimiento, seguridad o miedo, afecto o abandono, amor o rechazo? ¿Cómo le afectan estos sentimientos, en su presente y en su futuro?

Puedo contestar a estas preguntas porque muchos bebés me han relatado de viva voz y en directo lo que sienten en su proceso de abandono del cálido útero materno y asoman a ese, para ellos, desconocido nuevo mundo exterior.

En el Centro ARA de psicología trabajamos con una psicoterapia que, entre otras cosas, lleva a la persona adulta a vivenciar –ver y sentir- su época de gestación, nacimiento y primera infancia. Esto se consigue con una profunda relajación, y en ese estado, la persona relata hechos concretos acontecidos dentro de madre y naciendo, sintiendo las emociones que se despertaron en esos momentos. Ello nos ha permitido tener de viva voz y en directo lo que siente un bebé en el útero materno y naciendo. De qué es lo que puede gratificarle o dañarle emocionalmente. De cómo influyen esas vivencias en su desarrollo psicológico, presente y futuro.

A través de la base teórica que sustenta esta psicoterapia, pero sobre todo a través de nuestra experiencia clínica, se nos ha hecho incuestionable que en la gestación, nacimiento y primera infancia se construyen los cimientos de nuestra forma de ser más profunda, que nos acompañará el resto de nuestra vida. Podemos concluir que, en éstas épocas, se encuentran las raíces de lo que de adultos nos gratifica o por el contrario, nos daña, desarmoniza o enferma.

 

El bebé intrauterino y en el nacimiento tiene grandes capacidades perceptivas, permitiéndole experiencias emocionales intensas que influyen poderosamente en su desarrollo psicológico, con consecuencias presentes y futuras.

Para comprender el alcance de las vivencias emocionales del bebé, hemos de tener en cuenta las siguientes evidencias:

  • El bebé intrauterino, desde la concepción, tiene grandes e intensas capacidades perceptivas, procesadas como experiencias emocionales que quedan grabadas en su cerebro en construcción.

  • Tanto a lo largo de la gestación, como en el nacimiento, el bebé está en simbiosis total con su madre. Lo que siente la madre, lo siente el bebé.

  • En el momento del nacimiento, el bebé, es un ser de pura percepción emocional, que le hace estar abierto a todos los impactos emocionales, gratificantes o traumáticos.

  • El nacimiento es una intensa experiencia emocional para el bebé. Como toda experiencia emocional intensa, deja una profunda huella en nuestra psique.

  • Esta experiencia pasa a ser parte de la información de nuestro inconsciente, que al fin y al cabo es la gran base de datos sobre la que se asienta nuestro carácter y nuestra personalidad.

  • Los impactos emocionales traumáticos de la época primal, actúan como cargas de profundidad invisibles (fuera de nuestro consciente de adultos), dispuestas a estallar en situaciones análogas o semejantes a las que nos provocaron ese sufrimiento, sea la edad que sea la que tengamos en ese momento.

Contestando a las preguntas iniciales:

El bebé, en su camino del nacimiento y naciendo, no sólo es capaz de sentir todo el abanico posible de emociones, sino que además, por su percepción puramente emocional (es decir, sin capacidad de percepción racional), globaliza todo impacto y lo hace suyo. Interioriza y absorbe hasta en su última célula, toda experiencia emocional, gratificante o traumática.

El nacimiento es una experiencia de alta carga emocional para el bebé, que queda grabada en lo más profundo de su ser. De cómo lo vivencie dependerá que sea un impacto emocional gratificante o traumático.

Imaginemos al bebé intrauterino, en el paraíso del útero materno, flotando en el líquido amniótico, bañado en endorfinas. Al final de la gestación, cada vez está más apretado, sin casi espacio para moverse. De repente algo pasa. Unas fuertes contracciones sobre su cuerpo lo impulsan a abandonar su idílico mundo. Para ello ha de encajar su cabeza en un estrecho agujero, que le lleva, por un también estrecho túnel, a un mundo desconocido. A nivel fisiológico, para la gran exigencia a su cuerpo que supone llevar a buen término su largo viaje (para él, en que el tiempo no existe, es infinito),  la naturaleza dota a madre y bebé de lo que el Dr. Michel Odent denomina cóctel de hormonas. Entre ellas las endorfinas y la oxitocina. Las endorfinas son morfina endógena (que produce el mismo cuerpo), que anestesian el cuerpo, ayudándole a superar el esfuerzo. La oxitocina actúa a dos niveles. Uno, a nivel muscular, provocando las contracciones necesarias, de forma rítmica y adecuada a cada momento del trabajo de parto. Y dos, a nivel neuronal, produciendo sensaciones placenteras (sí, sensaciones placenteras en el parto, puesto que la oxitocina es también llamada la hormona del amor, que nuestro cuerpo segrega en momentos de placer y felicidad, como en las relaciones sexuales o cuando reímos a carcajada limpia), y por otro lado facilitando el apego materno a su bebé. Por lo tanto, lo ideal, tal como el Dr. Michel Odent pregona, sería dejar que la naturaleza siga su curso, sin ninguna intervención externa (excepto si se comprueban riesgos en la salud de madre y bebé, que sería en mínimos casos si se respetara ese proceso natural). Él lo denomina “Parto mamífero”.

Lo que la fisiología nos demuestra que sería adecuado en el parto, coincide plenamente con lo que sería necesario a nivel de permitir una vivencia emocional sana para el bebé. Respetar el parto es respetar a la madre. Ello supone que la madre no padecerá agresiones (falta de intimidad, luz intensa, inmovilización, no beber ni alimentarse, tensión, ansiedad, estrés, miedo, etc.). Como lo que siente la madre, lo siente el bebé, es fácil llegar a la conclusión de que cuanto más se respete el proceso natural de nacimiento y menos se intervenga o medicalice, mejor para conseguir una experiencia emocional gratificante, para la madre y para el bebé.

Fisiología y Psicología coinciden el los parámetros necesarios que deben  rodear el nacimiento, para conseguir su buen término, tanto a nivel de salud física como psicológica. Básicamente, la no intervención o como denomina el Dr. Michel Odent: un parto mamífero.

Llega el momento en que el bebé nace, surge al mundo exterior. De cómo le demos la bienvenida va a depender su percepción de cómo es este lugar. Percepción que subyacerá para siempre en su forma de “ver” el mundo. Cálido o frío, afectivo o agresivo, seguro o peligroso, acogedor o desagradable, con personas que te ayudan o de las que te has de proteger. Un mundo amoroso al que abrirse o un mundo dañino del que defenderse.

De nuevo la fisiología coincide con la psicología en las acciones necesarias que deberíamos tener en cuenta para que, tanto a nivel físico como emocional, sea la mejor de las bienvenidas al nuevo ser:

Es conveniente no cortar el cordón umbilical antes que deje de latir. A través del cordón umbilical le llega al bebé el vital oxígeno, que aún no puede captar con sus pulmones, llenos de líquido amniótico. Cortar el cordón umbilical antes de que deje de latir provoca en el bebé asfixia, o lo que es lo mismo sensación de muerte. ¿Qué agradable, no? Como primera sensación en este mundo, nos cortan el suministro de oxígeno y apáñatelas como puedas. Desesperadamente, el bebé intenta expulsar el líquido amniótico de sus pulmones y tomar una bocanada de aire que le salve la vida. Si no puede, no tardarán en introducirle una cánula, que dolorosamente entra en su garganta y que convulsivamente le abre el paso al aire salvador.

Si el bebé tiene suerte, le pondrán un momento con su madre, pero dura poco la alegría. Rápidamente la separarán de ella para lavarlo, manipularlo, pincharle, etc. El bebé es aún parte de su madre, necesita del calor, protección, contacto y seguridad de su cuerpo. La busca desesperadamente, pero no está. ¿La volverá a ver? ¿Dónde está, acaso lo ha abandonado? ¿Quién son estos seres enormes que me maltratan y hacen daño?…… Una auténtica pesadilla, que se convierte en la peor de las experiencias.

Si, por el contrario, una vez nace el bebé, se coloca en el pecho de su madre, sin cortar el cordón umbilical, todo cambia. El bebé nota el calor del cuerpo de su mamá, su olor, recibe sus caricias, su tierna mirada, escucha su amorosa voz e incluso los conocidos latidos de su corazón. Se siente seguro, en un lugar conocido: el cuerpo de su madre. Y mira por dónde, se produce la mayor descarga de oxitocina que un ser humano pueda generar. Y ya sabemos que eso significa placer, bienestar, felicidad y el apoyo hormonal al apego madre-bebé y viceversa. También otra hormona de ese bendito cóctel se pone en marcha: la prolactina, que, junto al resto de hormonas, previene hemorragias, promueve el desprendimiento de la placenta e impulsa el proceso fisiológico de la lactancia.

Mientras tanto, el cordón umbilical deja de latir porque el bebé ya ha limpiado sus vías respiratorias y sus pulmones, siendo capaz de respirar por sí mismo. El tránsito de recibir oxígeno por el cordón umbilical, a hacerlo por la boca, es suave y sin sufrimiento. ¡No es sabia la Naturaleza!

 

Una de las experiencias más dañinas para el bebé, en la vivencia de su nacimiento, es la separación de su madre. Con ella mantiene una simbiosis total y representa sumando conocido y seguro.

En nuestro trabajo terapéutico no hemos percibido nada tan desgarrador para un bebé, que la separación de su madre al nacer. Hemos podido comprobar las nefastas consecuencias que produce, no sólo en ese momento, sino en toda la vida posterior de ese ser. Esta necesidad, intensa y vital, de la cercanía del cuerpo de su madre no es puntual, perdura las siguientes horas, días y meses. El no satisfacer esta necesidad, en cualquier momento de su crecimiento, sólo trae carencias emocionales profundas que agravan los daños psicológicos causados. Es más, no satisfacerla, al contrario de lo que se piensa, puede producir apegos patológicos, fruto del miedo a la pérdida y separación de su madre. Si esta necesidad se satisface, el bebé se siente seguro y confiado y, llegado su momento, estará más preparado para ir explorando y adquiriendo autonomía e independencia. Por eso es tan importante, entre otras cosas, la atención ineludible del llanto en la crianza y no usar, por ejemplo, métodos salvajes para obligar a dormir a los bebés y a los niños, basados en ignorar sus necesidades emocionales.

Actualmente, por desgracia, no se tienen generalmente en cuenta en los protocolos médicos, estas necesidades emocionales de made y bebé. No se considera la importancia que tiene el nacimiento en la felicidad presente y futura del bebé. Por suerte, cada vez hay más doulas, comadronas, ginecólogos, madres, padres y gente concienciada, que intentan ir cambiando la forma de recibir a los bebés. Para tranquilidad de madres y padres he de apuntar lo siguiente: sea cual sea la forma en que vuestro bebé vino al mundo, siempre tendréis la oportunidad de ayudarle a superar y minimizar los posibles efectos nocivos de su experiencia. Un impacto emocional traumático es como una bola de nieve. Si la mantienes en un ambiente frío o la dejas caer por la ladera, no sólo no se deshace, sino que puede convertirse en una inmensa bola. La bola de nieve inicial se deshace con calor. De la misma manera, un bebé tratado con respeto, con el calor del amor, puede minimizar o deshacer su trauma emocional. La energía más poderosa del universo es la del amor, capaz de sanar hasta la más nefasta de las experiencias. Ello sólo es posible, no sólo amando a nuestros hijos, sino también consiguiendo que ellos lo sientan así. Para ello tenemos valiosas herramientas como la lactancia, el colecho, la atención del llanto, el contacto físico (brazos, caricias, besos, masajes, reflexología infantil) y la escucha emocional.

En base a lo expuesto, es nuestro deber intentar cambiar las actuaciones que interfieren en la vivencia emocional gozosa del nacimiento. Es imprescindible conseguir que el bebé tenga la mejor de las bienvenidas porque nos jugamos su futuro, y su futuro es el de nuestra sociedad. Nuestra civilización necesita de personas equilibradas, en armonía, con un alto grado de Inteligencia Emocional. En ello, el nacimiento, tiene un papel fundamental.

El nacimiento es un acto sagrado, una representación en la Tierra de la Creación de la vida. Dar a Luz es un acto sublime de amor, lleno de afecto y entrega. Toda madre, todo bebé, tiene derecho a vivirlo en toda su intensidad, con toda su carga emocional. Respetando el nacimiento, respetamos al Ser Humano, respetamos la Vida y sembramos semillas  para un mundo mejor.

Enrique Blay

Dpdo. en Psicología del Desarrollo


hazi hezi

Ver para mirar

Se dice que los niñ@s ven a una distancia entre 20-22 cm al nacer, es la distancia entre el niño que mama y los ojos de la madre que lo mira.

Así comenzamos a fijar la mirada y aprendemos a mirar. Y así al mismo tiempo se desarrollan los demás sentidos, el olor, el gusto, el tacto, el oído….

Antes de nacer el cerebro viene preparado para ubicar correctamente todos estos mensajes. Asi vemos que la vida es todo sentidos y cuando estos se desarrollan plenamente, la vida encuentra más fácil su sentido.

Los niños/as que nacen y se encuentran con la madre ponen en marcha todos estos sentidos inmediatamente. Per si habéis tenido oportunidad de ver bebés que han estado durante largo tiempo separados de sus padres después del parto, por ejemplo en incubadora, tardan mucho tiempo en encontrarse con la mirada de la madre.

El tiempo que están separados de sus padres ¿quién guia esos ojos y esos sentidos? ¿No nos damos cuenta los responsables de la salud que a la vida le cuesta adquirir sentido si no hay al otro lado alguien quién la mire?

Hoy está demostrado cientificamente que un niño con una madre a su entera disposición reacciona inmensamente mejor que en las mejores incubadoras del mundo. Seguramente que su cerebro estará mejor equipado para responder al mundo que le toca vivir.

Ya que estamos hablando del comienzo y tal como observamos tiene tanto significado para el resto de la vida de la persona, creo que vale la pena dar la oportunidad desde un principio para que se establezca la relación óptima desde la primera mirada.

Jose Ramón Aznar
Psicólogo
Psicoterapeuta Reichiano
Espacialista en prevención primaria y comunitaria

Cristina Aznar
Ginecóloga
Psicoterapeuta Reichiana
Espacialista en prevención


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El nacimiento de un bebé constituye la llegada al mundo de una nueva vida, un momento trascendental para la vida de una pareja, un suceso sagrado y como tal se debe respetar. Los profesionales que asistimos al parto somos privilegiados de estar presentes y es nuestro deber proteger al bebé y cuidar de que se sienta bienvenido, esperado y amado ya desde los primeros instantes. ¿Como? Primero dándole tiempo a llegar, todo el que necesite, sin forzar. Respetando la bolsa de las aguas si no se ha roto le haremos el camino más fácil. Apoyando a su madre en el proceso sin intervenir, de manera que sea ella quien da a luz a su bebé y sea el bebé el que se va abriendo camino junto con ella.
Una vez nace lo vamos a colocar sobre el cuerpo tibio de su madre y lo vamos a cubrir con toallas calientes, tras asegurarnos que respira bien, nos vamos a alejar de la escena dejando a la feliz nueva familia que disfrute del contacto, del olor, de las miradas. Es su momento. Los bebés así tratados a menudo no lloran o solo lo hacen por breve espacio de tiempo. Poco a poco saben encontrar la mirada de su madre y si nos sabemos esperar también saben llegar hasta el pecho y mamar.
En ningún momento separamos al bebé de su madre, y las exploraciones las hacemos sobre ella. La lactancia materna iniciada precozmente es la culminación del nacimiento, el bebé se seguirá alimentando de su madre y permanecerán unidos por mucho tiempo más.
El equipo de Marenostrum formado por 4 comadronas, que son el profesional de referencia en la asistencia al nacimiento, más 5 doulas colaboradoras, más 5 médicos que apoyan, trabajamos teniendo en cuenta la importancia de no separar nunca madre e hijo. Gracias a ello el 100 por cien de las madres que asistimos inician la lactancia materna con éxito y el 98 por ciento continua amamantando al año de vida, y un porcentaje también muy alto lo siguen haciendo a los dos años de vida.
Hace más de 10 años que asistimos partos a domicilio en Cataluña con esta filosofía. Nuestro índice de traslados a hospital por algún problema surgido durante el parto con la mamá o el bebé no llega al 10 por ciento y algún año ha rondado el 5 por ciento.
Nuestro máximo objetivo es que las mamás tengan un parto respetado y digno y los bebés un nacimiento sin violencia y rodeado de amor . Y todo esto con la máxima seguridad para ambos. Creemos que el mejor sitio para conseguir esto hoy por hoy es el hogar de la familia y por eso allí trabajamos.

 

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